Mamá caminante



Este año empezó particularmente duro para mí y el camino de recuperación ha sido sagrado. Cuando las cosas se ponen difíciles tomamos consciencia de lo esencial y nos damos cuenta que las cosas que están pueden dejar de estar, que la transformación y el final que da inicio a otros comienzos es parte de la vida misma y que aunque nos agarramos a nuestros afectos y a lo construido alrededor de ellos con nuestras últimas fuerzas llega un momento que entendemos que aquello no se controla y que es mejor bailar con la sincronía y el ritmo de apego y desapego de la vida.


En esta comprensión de la centralidad del tiempo presente como lo único que habitamos me propuse cumplir un sueño: subir el Volcán Cotopaxi. Seis semanas de caminar por las montañas. Conocer sus colores y su espíritu propio, estar en la ciudad regresar a ver y saber que mis pies llegaron a la puntita de la cima que se ve a lo lejos.


De sentirme profundamente agradecida con mi cuerpo fuerte y sano que me permite llegar cerca de las nubes.


Tomar contacto con una naturaleza que nos recuerda protegerla y que somos una piececita más de este maravilloso planeta en el que vinimos a habitar.


En la noche de ascensión al Cotopaxi, regresé a ver las estrellas y en un instante comprendí el milagro de estar viva, la belleza de vivir, de tener esta oportunidad conmovedoramente sencilla de estar vivos.


No hay más, el resto es sólo parte del camino. Estamos vivos y eso es lo más poderoso que podemos tener: la vida.


El Volcán también se llevó mis lágrimas y me alivió, se llevó mi cansancio y cargó conmigo una pena profunda que en algún momento de la noche más oscura apareció. Y así, en ese punto que sentía el límite de mi cuerpo supe que ya sólo faltaba una hora para el amanecer. Y amaneció y es el paisaje más bello que mis ojos han podido ver.


El glaciar iluminado por el sol naciente.


Las nubes esparciéndose con la fuerza viento y rodeando el volcán.


El amor hacia mi hijo sintiéndose tan intenso que recargaba mis pasos para poder continuar.


¡Gratitud infinita!

Volcán Cotopaxi, 5.400mt

Luna nueva del 8 de julio, 2021


MPaz Dávila

@pazenlabaraka

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